"El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona". Fiedrich Hölderlin
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martes, 14 de junio de 2011

Flor de verano

Flor de verano



Pensó que la vida le daba la espalda, que sus ilusiones pasadas se volatilizaban ante sus llorosos ojos; nada volvería a ser igual, -pensaba- nada le provocaría su sonrisa bella de nuevo. Aquellas tardes tranquilas y sosegadas de primavera en otros tiempos, se habían convertido, de pronto, en tardes tristes de otoño, grises, aciagas. Todo se desmoronaba a su alrededor, no tenía fuerzas para levantar su rostro ante el espejo; para que –decía-, solo reflejaría tristeza, desesperanza; quería recordarse como la mujer que fue, fuerte, enérgica, bella, no quería verse ahora reflejada. Y ella pensó que la vida, injusta, le había dado la espalda.


Pero un luminoso día de junio, haciendo un denodado esfuerzo, se levantó y abrió la ventana para ver la luz que adivinaba tras ella; la abrió de par en par, con ganas, presintiendo quizás lo que iba a ocurrir, presintiendo quizás que, esa luz que tanto deseó en ese momento, era su última esperanza …… entonces, un soplo de aire fresco, intenso, refrescante, le acarició el rostro con inusitada virulencia; sintió como le penetraba en la piel, como se arremolinaba en cada uno de sus poros, como le obligaba a entreabrir sus labios para dejar que penetrase, forzándola a respirar a bocanadas, intensamente y, entonces, lo sintió; sintió que tenía que respirar hondo, llenar sus pulmones de ese aire limpio, dejarse inundar por todo aquello que le hacía sentir, dejarse inundar por sus sensaciones, por sus deseos, por sus esperanzas ………… hacía tiempo que no se había sentido así y, como impulsada por un resorte, corrió hasta el espejo. Ahora sí, sentía que quería ver quién era, que reflejo le devolvía. Con temor, lentamente, levantó la mirada hacia él, como esperando que todo lo pasado hubiese sido un mal sueño y su reflejo le devolviera la imagen que ella recordaba, que ella deseaba.


Entonces lo vio claro, vio que nunca había dejado de ser la mujer bella y fuerte que todos conocían, comprendió que jamás se había ido, que jamás dejó de ser la mujer atractiva y sensual que era, porque el espejo le devolvía la imagen de una mujer especial, muy especial, que el espejo le devolvía el reflejo de una bella “flor de verano” mecida por una suave brisa.


Y es que, a veces, basta un soplo de aire fresco para regenerarnos y hacernos volver a vivir.

JRMéndez

2 comentarios:

Lídia dijo...

Que bonito!!!!! Esta foto si que viene bien acompañada con este texto!!!!! Te mando un saludo.

JRMéndez dijo...

Otrao para ti amiga.